lunes, 18 de agosto de 2008

Dentro del laberinto


Dentro del laberinto. Abres una puerta, creyéndote que esa te conduce a la salida, y descubres, temeroso, que te has adentrado en la boca del lobo. ¿Ahora qué vas a hacer? ¿Cómo vas a encontrar la salida si no tienes ningún cartel que ponga “EXIT” con letras luminosas? Nada. Cada día penetras, más y más, en la espesura de tu propia mente, confundiéndote entre tus recuerdos, tus deseos y tus anhelos. No tienes a nadie que te diga: “sigue este sendero, te conduce a la felicidad”. No, sólo encuentras insectos que te intentan desviar del camino, para que permanezcas perdido. ¿Cómo ignorarlos? No te lo puedo decir, sólo tú sabes la respuesta. El tiempo pasa de otra forma diferente, más lento podríamos decir, y vas viendo como cada día va evolucionando tu corazón. ¿Te haces daño? No me refiero al físico, si no al espiritual. Miras todos los pasillos con atención, esperando que algo o alguien te aferre del brazo y te guíe, pero la desesperación te llega al descubrir que estás sólo, nadie te ayudará y tienes que convivir con tus errores, aceptándolos. Vives una y otra vez una mentira. La mentira de la felicidad, sin poder retroceder, sólo puedes avanzar y teniendo cuidado de no caer en otra trampa. Gritas, agonizas. Tu corazón palpita cada vez más fuerte, pero poco puedes hacer y sólo corres a marcha forzada, creyéndote que esa es la solución. ¿Te das cuenta? Una vez que estás dentro del laberinto es difícil salir… ¡Suerte, viajero!

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