lunes, 17 de noviembre de 2008

En contra de Bolonia

El Plan de Bolonia crea mucho revuelo entre los estudiantes y el profesorado, pero aún así hay muchas personas que no conocen los porqués. Nos guiamos por las opiniones de compañeros, sin conocer con exactitud qué es el Plan de Bolonia. Decimos: “No a Bolonia”, pero ninguno nos hemos informado correctamente.

Estoy en contra de Bolonia. Pienso que la Universidad necesita cambios urgentes, pero no estos: subir el precio de las matrículas, conceder becas-préstamos, suprimir las licenciaturas y diplomaturas, convertir los créditos en euro créditos. Con estas modificaciones en el sistema educativo no se mejora el rendimiento de los estudiantes, sino todo lo contrario.

Si el precio de la matrícula sube y no se conceden becas, ¿cómo se va a pagar la facultad? Entonces, estamos descartando al colectivo de la sociedad que no tenga el privilegio de pagarse unos estudios superiores. De esta forma, la Universidad se vuelve privada, y quien quiera estudiar y le concedan becas préstamo, sabe que más tarde tendrá que devolver ese dinero y con intereses. El Gobierno aparte de ahorrar dinero con la Educación, gana más.

No es justo que quieran estandarizar la enseñanza universitaria, convirtiéndola en grados. Y lo mejor viene ahora, te has pasado cuatro años estudiando un grado y no tienes nada. Después del grado, tienes que especializarte, es decir, hacer un máster que te cuesta entre 2000 y 6000 euros. Pero es que los planes de estudios van a estar dictados, al menos la mayoría de ellos, por empresas privadas. Sí, ahora nuestras materias están enfocadas a una vida laboral, quien quiera adquirir conocimientos por el mero hecho de aprender para ser más culto, no podrá. ¿Qué pasa con aquellas personas qué se matriculan en la facultad con 40 años?

El euro crédito sólo sirve para tener más horas de clase. Ya no basta con tener clases por la mañana o por la tarde. Ahora hay que estar todo el día, como si fuesen trabajadores con una jornada laboral completa, haciendo vida en la facultad. ¿Quién te da el dinero para comer allí o bien para desplazarte cuatro veces en un mismo día? Lo camuflan aludiendo que aquellas personas que tengan que trabajar, si es que pueden compaginarlo con sus estudios, se matricule de menos créditos. No estoy de acuerdo. Actualmente una persona que realice estudios universitarios y trabaje al mismo tiempo, puede matricularse de todas las asignaturas correspondientes a su curso, aprobándolas inclusive, sin necesidad de prescindir de alguna de ellas.

Me gustaría añadir, como punto a favor, que en caso de que se aplicase el Plan de Bolonia, se espera que mejore las salidas laborales de los universitarios, ya que los títulos estarán reconocidos en todos los países firmantes del Proceso, además de porque los nuevos planes de estudios están mas enfocados a la formación de los profesionales que la sociedad demanda. Al menos, dentro de lo malo que es el Plan, han pensado de forma coherente igualando todos los grados al mismo nivel Europeo.

Ya nadie podrá estudiar por satisfacción personal, ahora formaran a futuros trabajadores, sin necesidad de aprender más conocimientos que los justos y necesarios para desempeñar tu trabajo.

domingo, 31 de agosto de 2008

SOS

A veces gritamos interiormente: ¡Socorro, socorro, ayúdame!, pero nadie nos escucha. Estamos en otra órbita imaginando un mundo mucho mejor, deseando que nuestros deseos se cumplan; sin embargo, los demás no se dan cuenta o mejor dicho, deciden ignorar nuestro grito interior. Miras a uno y a otro, ¿y de qué sirve?, de nada. ¿Cuándo empezamos a delimitar nuestros actos a una misma cuestión? Quizá cuando maduramos o bien cuando nos obcecamos en una idea. Tienes ganas de llorar, llorar y llorar, pero no lo haces, ¿por qué? Me pregunto. Más no hallo respuesta que me convenza. Busco cualquier motivo, aunque sea pequeño, para encontrar la solución al enigma que me planteo y me sobran los motivos. Es bueno derramar unas gotas, ayuda a desahogarte y a encontrar consuelo. No temas.

lunes, 18 de agosto de 2008

Dentro del laberinto


Dentro del laberinto. Abres una puerta, creyéndote que esa te conduce a la salida, y descubres, temeroso, que te has adentrado en la boca del lobo. ¿Ahora qué vas a hacer? ¿Cómo vas a encontrar la salida si no tienes ningún cartel que ponga “EXIT” con letras luminosas? Nada. Cada día penetras, más y más, en la espesura de tu propia mente, confundiéndote entre tus recuerdos, tus deseos y tus anhelos. No tienes a nadie que te diga: “sigue este sendero, te conduce a la felicidad”. No, sólo encuentras insectos que te intentan desviar del camino, para que permanezcas perdido. ¿Cómo ignorarlos? No te lo puedo decir, sólo tú sabes la respuesta. El tiempo pasa de otra forma diferente, más lento podríamos decir, y vas viendo como cada día va evolucionando tu corazón. ¿Te haces daño? No me refiero al físico, si no al espiritual. Miras todos los pasillos con atención, esperando que algo o alguien te aferre del brazo y te guíe, pero la desesperación te llega al descubrir que estás sólo, nadie te ayudará y tienes que convivir con tus errores, aceptándolos. Vives una y otra vez una mentira. La mentira de la felicidad, sin poder retroceder, sólo puedes avanzar y teniendo cuidado de no caer en otra trampa. Gritas, agonizas. Tu corazón palpita cada vez más fuerte, pero poco puedes hacer y sólo corres a marcha forzada, creyéndote que esa es la solución. ¿Te das cuenta? Una vez que estás dentro del laberinto es difícil salir… ¡Suerte, viajero!